Foo Fighters. Lo mejor de Todos Nosotros
Crónica: Sabrina Salto. Fotos: Pagina Oficial Foo Fighters.
Dicen que tras una gran pérdida, nadie vuelve a ser el mismo que era. Creo que en mayor o menor medida, todos entendemos a que se refiere esta frase; lo entendemos porque alguna vez seguramente lo hemos sentido en carne propia. Las pérdidas, los cambios, las transiciones, suelen ser momentos de inflexión, generalmente inesperados, en donde el escenario se nos modifica abruptamente, y lo que conocíamos como seguro, simplemente deja de existir como tal. A partir de ese momento, solo hay dos grandes posibilidades, congelarse en un limbo en donde no se resuelve la perdida; o reinventarse y evolucionar a una forma superadora.
Dave Grohl es sin duda el paradigma del rock en cuanto a mutación y crecimiento constante. Apenas un año después del fin de un gran hito musical, no solo en su historia personal sino en la historia de miles de seguidores de Nirvana, la banda que lo proyecta al mundo del rock como uno de sus actores fundamentales; Grohl convierte su duelo en una catarsis musical con forma de unos cuantos temas que graba íntegramente solo, y cual nombre de guerra, bautiza Foo Fighters; proyecto con el que sale a buscar camaradas que entendieran al rock desde su lugar más visceral.
Es asi como se suma en primer lugar, el bajista eterno de los Foo, Nate Mendel, único miembro estable en la historia de la banda junto a Grohl. Luego hará lo suyo el mítico Pat Smear, guitarrista también de Nirvana y de unas cuantas bandas punk de los 90¨s. Posteriormente y reemplazando al primer batero de la formación llega Taylor Hawkins, quien es presentado por Grohl como el mejor baterista de rock del mundo. Finalmente y tras algunos otro violeros que pasaron por formación, se suma Chris Shiflett, y su aporte equilibrado que contrarresta el aplomado grunge que caracteriza a la banda.
Hacer un recorrido por la historia que transita esta banda de rock, hasta el momento de su desembarco en el Estadio Único de La Plata, en su segundo arribo al País, luego de aquel recordado doblete de cierre de festival en River; es de alguna manera, hacer un sano ejercicio de reflexión de lo que significan las vocaciones, los tropiezos y los resultados de batallar cada día con una certeza en mente: hacer lo que se siente que uno vino a hacer a este mundo.
En mi caso, como adolescente que se crio en los 90´s, fui una de las que transito una década marcada sin duda por esa sensación instalada en la juventud tan relacionada con el desoriente, la ausencia de confianza absoluta en el futuro, los cambios vertiginosos, la primer masificación global que necesariamente tuvo como contrapartida el desdibuje de las identidades individuales. La incertidumbre y lo ecléctico eran el medio donde se gestaba una generación que sufrió perdidas precoces de referentes culturales empaquetados a lo MTV, pero sentidos en lo más profundo de cada corazón joven. Y ya se sabe, cuando se es joven, todo sentimiento es amplificado casi al poderoso nivel de los riffs de las guitarras de Grohl.
Es por todo esto que cuando Dave Grohl miró desde el escenario y levantó las manos para dar inicio al show, el público respondió instantáneamente, aunque todavía no había sonado una nota, ni los músicos habían llegado a sus instrumentos. La magia estaba ahí, con toda la fuerza de un sobreviviente parado frente a una generación sobreviviente, rugiendo mas que nunca la vitalidad de estar de pie haciendo lo mejor que sabemos hacer: rockear.
Así se manifiesta la energía de uno de los últimos líderes carismáticos del rock de guitarras. "Something From Nothing" del último disco de la banda Sonic Highways, dio comienzo a un show de casi tres horas de duración en el que Foo Fighters hizo ostentación de su rock sólido, que nada tiene de lo desprolijo e improvisado que nos quieren hacer creer mueve a esta formación.
Luego de este inicio, la poderosa y apropiada por todos “The Pretender”, marco la continuación de un show que transito los clásicos, los poderosos, los menos conocidos, los esperados, los acústicos, los llorados, los coreados; es decir, los temas de esta banda que entre tantas virtudes, incluye además ser la aglutinante de la generación del celular, y la generación del encendedor, todos respondiendo a la convocatoria de querer brillar en la calurosa noche del enero platense.
En mi caso personal, esta síntesis no pudo tener mejor símbolo que haber sido el debut recitalero de mi niño de 10 años, batero de convicción, y por supuesto, amante de Grohl. Y que debut! Tres horas de una aplanadora rockera que recorrió las múltiples pasarelas del escenario para “llegar hasta donde están todos”, que repaso toda su discografía, que invito amigos al escenario para tocarse un par de covers transformándose nuevamente en muchachos de garaje, para luego volver a demostrar por que hoy en dia los Foo son una de las bandas mas convocantes del rock.
Creo que no existe mejor forma de celebrarnos como humanos erróneos pero siempre dispuestos a buscar nuestra propia redención, que encontrarnos en eso que mejor hacemos y que mejor nos hace sentir. Lo que vivimos en La Plata no fue solo un recital de rock que en si mismo será memorable por su calidad técnica y su poderosa fuerza. Lo que vivimos fue una explosión catártica de ganas y convicciones de que se puede revertir cualquier mal historia, cualquier perdida, por mas grande que sea, y levantarnos, sacudirnos el duelo, y volver a empezar. Aprendiendo otra vez, cambiando el vestido o el instrumento, buscando integrar nuevas vivencias a nuestros viejos colegas de ruta, haciendo nuevas canciones que mantengan nuestra esencia pero que hable de nuestros cambios. Y convencidos, por sobre todas las cosas, que dar lo mejor de nosotros, solo nos devolverá, lo mejor de todos los demás.



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