Verdad y Realidad en el Cine Documental


En parte como oposición al cine industrial de Hollywood, tras la Segunda Guerra Mundial surgen en Europa nuevos movimientos cinematográficos nacidos de la inquietud moral y estética. En Italia aparece el neorrealismo, en Alemania el nuevo cine alemán y en Inglaterra el Free Cinema. Pero es especialmente en Francia a finales de los 50 que el concepto de cinéma vérité, que acaso podría traducirse como “cine verdad”, entra en escena.

 Esta estrategia, básicamente documental, consiste en enfrentar a las personas con la cámara para obtener respuestas. El estilo se fortalece a través de un método dialéctico que provoca ideas y respuestas individuales ante el dispositivo de registro. Según la idea a documentar, estas pueden ser negativas o positivas. En ocasiones el material recabado durante el proceso  es mostrado a los propios personajes, quienes podrán generar nuevas interpretaciones frente a sus actitudes y respuestas. Así, con este tipo de filmación la cámara no se oculta, sino que se hace obvia, logrando una narrativa fluida con un alto grado de realismo subjetivo y expresividad.

 Sócrates (400 años a. C.) fue profetizado por la pitonisa como el hombre más sabio de Grecia, sin embargo él argumentaba su ignorancia ante el vasto conocimiento y análisis del mundo real e ideal que mantenían en su retórica los sofistas. Sin contradecir al oráculo, decidió comprobar su ignorancia y enfrentar a los sofistas haciendo preguntas sobre sus conocimientos y experiencias. Así, cuando les escuchaba hablar, les contradecía o instaba a probar la veracidad de sus argumentos. Pero ellos sólo eran retóricos exhaustivos y manipuladores del lenguaje, no comprendían una verdad, sino que creaban una según les conviniera. De esta forma Sócrates descubrió la ignorancia de aquellos que creían como verdad su experiencia limitada, empírica y analítica del mundo; al fin entendió al oráculo: por más ignorante que él fuera, su sabiduría estaba en comprender y aceptar su ignorancia ante la verdad, «sólo sé que nada sé».
 Con esta deducción, Sócrates observó que la realidad puede ser manipulada por la naturaleza  humana, no obstante, según su propio pensamiento, existe una verdad única y absoluta que es inalcanzable para el ser humano. Platón, su discípulo, al comprender y analizar más profundamente estás deducciones, dio origen al idealismo –el mundo de las ideas–, el cuál no se contrapone, pero si aleja la verdad del empirismo (materialismo). Según él la verdad es inalcanzable para el conocimiento humano, pero a través de las ideas podemos deducirla de alguna manera, comprenderla y crear una imagen mental de ella. Esto se ve representado en su mito de la caverna.
 Siglos más adelante, uno de los padres de la modernidad, Kant, intentó unir idealismo y empirismo. A través de su racionalismo, dedujo que la naturaleza verdadera del mundo –la verdad de Sócrates a la que llamó noúmeno, genera un “reflejo” que percibimos y por el cual comprendemos al objeto; a este reflejo, filtrado de acuerdo a nuestra capacidad cognitiva y sensitiva (limitada a nuestros sentidos físicos y a nuestro análisis racional) lo llama el fenómeno. Por ejemplo, el noúmeno de un árbol, su máxima expresión más allá de lo que podemos percibir de él, es su pureza. Su fenómeno para el ser humano, sería el ver sus ramas verdes, sentir su textura rugosa, y oír su crujido con el paso del viento; elfenómeno para un ser como una serpiente significaría verlo rojizo o azulado, según las tonalidades de la temperatura que el cuerpo del árbol desprenda. En ambos casos éste será sólo una parte de la totalidad de aquel objeto, de su noúmeno. Así, el empirismo nos da un conocimiento de una pequeña verdad del mundo, que a través de nuestro racionamiento logramos condensar en ideas y generar una verdad más amplía, pero de todas formas limitada y alejada de la verdad absoluta.
 En palabras del poeta asturiano Ramón de Campoamor: «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira»
 De esta manera la verdad que defendía Rossellini, y más aún el método del Cinéma vérité, de tintes ideológicos y sociológicos con el trabajo de cineastas e intelectuales como Edgar Morin y Jean Rouch, se polariza en una única visión de la realidad que sus creadores pretenden establecer como el análisis de la verdad. Para esto quisiera diferenciar entre el cine real y el cine verdad, según lo expuesto antes.
El cine real muestra lo que podemos percibir, lo que nuestros sentidos nos permiten observar, es decir, en el caso del cine, los sonidos y las imágenes que la película logra imprimir, pues al igual que el ojo, la cámara y la película tienen una tecnología limitada que les impide retratar la totalidad del mundo: la verdad, o en términos de Kant, el noúmeno. La cámara está tan impedida como el ojo de retratar una única verdad, aunque ha logrado un desarrollo tecnológico tal que en ocasiones puede percibir en imágenes concretas parte de la naturaleza que sería inalcanzable para el ojo humano, por ejemplo las constelaciones, estrellas y sistemas planetarios observados desde el espacio, o la vida en las profundas aguas oceánicas. Al lado de esta parte perceptiva se ubica el concepto de análisis, es decir, el idealismo del cine, el cual en el cine real está dado por la elección de la posición de la cámara y posteriormente por el montaje. Aún así, aunque la película esté dotada de idealismo, sigue expresando un discurso sofista, pues en su pretensión de alcanzar la verdad descarta su ignorancia ante la imparcialidad de lo que el autor considera como la verdad de los hechos.
Si seguimos esta idea, entre más verdadero parezca un documental, menor verdad permitirá concebir tanto al autor como al observador. En este tipo de cine real está el Direct cinema, gran parte el Cinéma vérité, y las películas neorrealistas, cuyo discurso social, moral y pasional de los hechos se deja sesgar por un único reflejo de la realidad, tal vez el más importante para el imaginario social del momento.
Entre más polarizado esté en su argumento un documental, mayor fragmentación tendrá la verdad, por lo que se alejará más del descubrimiento total de ella. En cierta medida se puede entender esto según lo planteado por Kant, ya que nuestro racionalismo nos permite acercarnos un poco a la verdad, es decir, la transformación de la materialidad en idealismo da paso a la interpretación de la racionalidad de la verdad. Así, un argumento que genere análisis, o dialéctica, se acercará o propondrá nuevas realidades desde los diferentes puntos de vista de los individuos. Aquí hago referencia a Sans Soleil de Chris Marker cuya contraposición de ideas sobre la concepción de historia y de cultura genera un dialogo innovador del conocimiento.
Este tipo de documental se acerca más al cine verdad, que por definición es imposible de alcanzar para el ser humano, más bien el término hace referencia al acercamiento y al racionamiento de la verdad, mas no al alcance de la misma. Por otro lado, en la ficción, la teorización de los acontecimientos puede permitir el análisis de la realidad para obtener un acercamiento a la verdad de los hechos, valiéndose de las diversas sensaciones que pudo provocar en los diferentes observadores. Películas de ficción, de tipo ensayo como Persona, de Bergman, se asemejan más a una manera idealista de interpretar y mostrar al mundo.
Llego entonces a Un tigre de papel, un falso documental que atraviesa los acontecimientos históricos por los que ha atravesado el imaginario colombiano en el siglo XX. Es lo que Luis Ospina llamó en broma pero muy en serio, Cinema mentiré, una película que oscila entre el documental y la ficción, cuyo protagonista es inventado (no falso). La historia resulta ser más real e histórica que cualquier otra ficción o documental sobre el siglo XX y los colombianos –o la colombianidad–, se convierte en una manera de contar la verdad mintiendo.
El falso documental de alguna manera ha surgido como una respuesta a la realidad pesada frente a la verdad a medias. Como forma de autolegitimidad se ha desarrollado en la ideología social de algunos movimientos documentalistas, e incluso de concepciones totalizantes y eurocéntricas de la historia; así mismo se pronuncia contra la (mal llamada) verdad de los acontecimientos reales que registra el cine. El falso documental juega con la veracidad del imaginario social, con la contextualización y el racionamiento histórico para mostrar la falsedad a la que nos puede dirigir un análisis polarizado de los documentos actuales, constructores del presente y futuro.
Para buscar la verdad, para percibir parte de ella, es necesario juzgar, provocar, persuadir, contradecir y dialogar con los historiadores literarios y los documentalistas fílmicos y videográficos, sofistas contemporáneos.
La verdad puede estar más cerca a la irrealidad. La realidad es verosímil pero la verdad es irreal, se asemeja a la magia. Nuestra manera más cercana de acceder a ella es por medio del empirismo de la realidad material y de la abstracción idealista, que en síntesis es la definición del cine: reflejo de la manipulación de realidad e ideas.  

Camilo Bravo Molano forma parte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de Bogotá, Colombia.



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