Cosquin Rock. Haciendo Cumbre en el Alma Rockera


Resulta mas que justo poner en palabras que a esta altura de la historia el Cosquín Rock ha superado ampliamente su condición de festival rockero para convertirse mas bien en un cónclave indiscutible de la enorme comunidad de almas para cual la música que distorsiona es el alimento vital de su existencia.

La movilización que implica, la logística que miles de personas ponen año a año en juego para llegar hasta tierras cordobesas, hablan de una convicción inquebrantable, de una experiencia comunitaria y de convivencia, que la hace digna de nuestra especial consideración, atemporal y muy amplia.

Quizás en esta oportunidad no sean las imágenes fotográficas las que nos trasladen hasta aquellas horas, sino las palabras acuñadas por Clara para Kume, las que recreen imágenes en nuestras mentes.


Acá la primera de sus partes, la crónica del día uno.


Día 1. Entre el cielo y la tierra: el agua

El pie que pisó por primera vez el césped. La primera gota de agua que mojó el rostro. El primer sonido que desprendió de su guitarra esa noche. Bendiciones. Para los que recién llegábamos. Para los que la ruta se había hecho más lenta en auto que a pie. Para las que por fin entrabamos al Casquín Rock con los pasos cada vez más acelerados al punto de correr. Arrancaba Skay Beilison y tal cual lo diría él mismo unos minutos más tarde, todo se convertía en una bendición.


“Hay una noche donde en la “luna hueca” se encuentran el cielo y la tierra, esperemos que esta sea nuestra noche”, predijo y confirmó “el Flaco”. Por encima diluviaba, por debajo los pies se llenaban de barro, hacia los alrededores los pibes cantaban, se abrazaban, saltaban y abrían rondas que se cerraban con choques corporales envueltos de música.


Skay improvisaba notas que daban ritmo a una misma frase que cantaba y repetía: “lluvia en Cosquín, lluvia en Cosquín”. Mientras, el resto de la banda se acomodaba para tocar canciones de ellos, para dejarlo sólo en una versión acústica de “Mariposa pontia”, para regalar a los mismos de siempre sus versiones de “El pibe de los astilleros” y “Ji ji ji”. Una hora de ritual que preguntó ¿dónde vas?, que comenzó “La luna en fez” y culminó “Lejos de casa”.


Pero la programación seguía, así que el tiempo se acababa para los ricoteros y los plomos se adueñaban de la escena para desarmar y armar. Minutos para que los recién llegados nos enteráramos de que por ese escenario horas antes habían pasado Leon Gieco, Ilia Kuriaki and the Valderramas, Ivan Noble, Banda de turistas, El Kuelgue, De la gran piñata, Armada cósmica y Cirse. Minutos que daban margen para ir hasta la otra punta del predio.


Allá estaba el escenario Temático, donde durante los tres días de festival tocarían bandas dando una de las tantas opciones al escenario principal. Decían que allí también habíamos llegado tarde, y es que a modo de sorpresa horas antes habían tocado las Viejas Locas, padres quizás de toda la grilla de bandas que pisó las tablas esa tarde. Habían pasado ya Fiesta Cuetillo, Viejo Motor, Pista 2, Sentimiento, Culpables del Este, Ojos Locos, Cielo Razzo, La Beriso y El Bordo.


Pero no todo quedaba fuera de nuestro alcance. De sombrero y traje negro vestía el trío. Una pareja bailando tango abría el recital. Así comenzaron Los Gardelitos, y los pibes de Capital Federal y Conurbano Bonaerense que arrastraron su fidelidad hasta Córdoba, se perdían en la fiesta rocanrolera.


El escenario Temático ese sábado 1 de marzo se titulaba “Rock”, y la programación decía que lo cerraba La 25. Los seguidores son los mismos de siempre, de Buenos Aires, pero también de otras provincias. Las banderas se multiplicaban y rodeaban uno de los “trapos” más grandes que vio el Cosquín Rock este año. Venía de Berazategui y llevaba sus colores: naranja y blanco. Cuando la tela se desplegaba cubría gran parte del público y tal vez servía para mediar entre la lluvia que continuaba sin pausa y los cuerpos que saltaban y bailaban rock and roll. El cantante, Mauricio “Junior” Lezcano, no dejó que la concurrencia pase desapercibida, se tomó todo el tiempo para leer cada una de esas banderas, saludar y agradecer a todos por haber llegado hasta allí.


Terminada la mención, Lezcano dijo que están cerca de presentar en vivo su último disco “El origen”, y dió motivos por la demora. “La palabra se cumple con el pecho”, aclaró el cantante mientras narraba los obstáculos atravesados hasta cerrar la fecha en Tecnópolis. Y es que La 25 quería un recital gratuito para que pueda asistir todo su público y no les fue fácil conseguir el lugar. El comentario cerró con una canción a modo de adelanto, pero “El origen” no estuvo sólo, pidió compañía al guitarrista de Los Gardelitos, Eli Suarez, con quien también burlaron al clima tocando una versión del tango “Garúa”.


Y mientras los rocanroles cerraban el escenario menor, en el otro extremo del Aeródromo de Santa María de Punilla la historia se hacía persona, se hacía llamar Charly García. Lo acompañaban nueve músicos, y tal como los otros le hacían el aguante al agua que no dejaba de caer. Se dio el gusto de subir a Piti Alvarez como invitado y bailar con las manos a la cintura y moviendo los codos al fiel estilo “rollinga”.


Luego retrucó la participación. “Hola ¿cómo les va?, soy Nito Mestre, y bueno, muy contento de estar de esta manera tan sui generis con todos ustedes aquí en Cosquin Rock”, dijo la voz salida de un video que se proyectaba sobre un fondo único y de presencia imponente. En la filmación Mestre cantaba “Instituciones”, mientras que los músicos sobre el escenario tocaban con rigurosidad temporal dándole a Charly el gusto, o a caso la sensación, de que su par estaba realmente esa noche con ellos. Los clásicos se sucedieron durante casi dos horas en versiones avasalladoras para el cuerpo y las emociones.


Cerró el Día 1 del Cosquín Rock 2014. El público ha rondado los 35.000 y se retira cantando bajito, todo embarrado, todo mojado. Para unos esperan caminatas hasta el refugio alquilado, para otros la carpa a la orilla del río, para algunos más las veredas de la ciudad. Para todos se avecina un mañana que pide más.

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