Cosquin Rock. Día 3. Que dure la noche


Por Clara GD

Todo eso siempre estuvo ahí, solo que hoy además de haber sol era temprano. Entonces hubo tiempo para detenerse en aquello y enumerarlo. Una “vuelta al mundo”; tres barras de bebida y comida; una muestra de fotos que ponía como protagonistas al público y los plomos; la estructura donde Fuerza Bruta hizo cuatro funciones diarias; al menos tres escenarios alternativos; un juego llamado “pogometro”; y una carpa donde se proyectaron, entre otros, los documentales “El blues de los plomos”, “Piedra que late” y “El alucinante viaje de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”, que se estrenaba allí. La sierra que de noche era tan solo una sombra gigante, de día regalaba una escenografía inmejorable para la mística rocanrolera.


La tierra ya estaba seca. Menos mal para el público reggero, que en su mayoría se sentó a los alrededores del escenario a escuchar sus bandas, abrazar a sus parejas o amigos y fumar una seca de cara al sol. 

El escenario Temático el último día era verde, rojo y amarillo, y pasaban por sus tablas The Añamemby´s, Rondamon, Un Rojo Reggae Band, Kameleba, Alboroise, Dancing Mood, Zona Ganjah, Dread Mar I y Nonpalidence. Temprano los escuchas iban y venían. Avanzada la tarde la concurrencia fue creciendo, los que se habían sentado se pararon, los que paseaban por ahí se quedaron, los que faltaban llegaron. Cuando le tocó el turno a las últimas cuatro bandas el público cubría el predio y movía su cuerpo con agite moderado que perdieron timidez cuando Dancing Mood copó el escenario. 

Del otro lado las primeras bandas corrieron la misma suerte. 4 Al Hilo, Pezones Cardozo, Juan Terrenal y Caperucita Coya iniciaron la última tarde del festival y fueron acumulando de a poco el público que alcanzaría centenares cuando La que Faltaba subió a tocar. Y entonces hubo rock y hubo fútbol; hubo Micki Fernández invitando al escenario a Cesar “El Picante” Pereyra en su versión de músico. No faltaron tampoco canciones de Los Piojos, alguna incluso se repetiría en otra banda al cerrar la noche. Y aunque no estaban todos, los muchos que sí repitieron el ritual. Aquel niño de no más de 6 años subido a “caballito” de su papá que revoleaba como loco la remera y cantaba sin parar, regaló una imagen que permitía un instante de ternura en medio de la locura, la certeza de saberse en el lugar correcto, la proyección de que serán muchos los hijos alcanzados por un arte que los distancie de la mediocridad cultural mediática. 

Y con el rock algo de folclore que se abre camino sorteando los minutos permitidos. Rally Barrionuevo solo podía tocar cinco canciones, y si bien se quejó sabia que los minutos corrían y los aprovechó sin dejar huecos. Lo que sonó fue poco, pero fue una caricia hermosa, prolija, y sencilla. El cantante vestía una remera zapatista y saludó entre el público a “los compañeros de la asamblea de Andangalá que luchan contra la minería a cielo abierto”. También dijo que “alguien decidió que no éramos tan importantes, nosotros queríamos tocar más”, y cerró el comentario dejando su sonido criollo por un por un eléctrico “Hasta la victoria siempre”.


Las referencias políticas siguieron ahí no más, porque los próximos en tocar fueron Salta la Banca que entre canción y canción no dejaron nada sin decir. Si la 25 tuvo una de las banderas más grandes este público superó la apuesta. No era posible contar los metros del trapo pero sí que para trasladarlo hicieron falta alrededor de 10 pibes. Santiago Aysine llevaba puesta una remera que pedía saber qué pasó con Luciano Arruga, entregó otro saludo a “Susana Trimarco y su nieta que están acá”, y dijo que “los medios de comunicación aseguran trabajar para el pueblo pero trabajan para las corporaciones”, por último pidió que no haya “ni un desaparecido más en democracia”. 


El público seguía agrupándose, ya eran miles y miles. La tarde caía. Era el turno de Los Guasones y los presentes respondieron con ganas a un show prolijo e impecable. Al medio se concentraban las banderas, a cada costado un foco poguero y el rock seguía de rola llegando al fin del festival. Pero todavía faltaba mucho. Faltaba la visita uruguaya de la mano de La Vela Puerca. Faltaban los Babasónicos. Faltaba que terminen de acumularse los 60.000 que inundaron el Aeródromo. Faltaban 2 horas 40 minutos de recital.


Suena la palanca y la suerte se echa a rodar. Cuatro columnas ruedan y ruedan hasta que por fin se alinean los dibujos en horizontal. El 27 gana y la yapa es grande: Ciro y los Persas estallaron para cerrar la decimo cuarta edición del Cosquin Rock. Invade el show, si hay alguien que sabe cómo plantarse en un escenario ese es Andrés Ciro Martínez. “Se ve que hoy está contento”, comenta alguien entre el público mientras se fascina con la actitud y prolijidad que, a diferencia de otras veces, despliega el ex cantante de los Piojos. La fecha que lo convoca no es para menos. 


Y si bien es difícil ignorar su persona, la figura central de la banda insiste una y otra vez en dar protagonismo a los músicos que completan su banda. Además de los solos y las improvisaciones que deja sonar de cada uno de sus compañeros, Ciro se da dos gustos más. El primero sorprende. La invita diciendo “como este es un público muy afectuoso voy a aprovechar para presentarles a una joven cantautora que va a cantar una canción que ella hizo. Aprovecho para presentárselas, la señorita Manuela Martínez que va a tocar su canción ´Fotos del ayer´”. Ella está nerviosa y no quiere hablar, él está emocionado y se cuelga la guitarra para acompañarla, el público aprovecha el bache y la ocurrencia para desprender en cantitos un “suegro, suegro”. 


El segundo invitado tiene historia. Con voz finita Ciro llama al “señor Miguel Ángel”, y luego volviendo a su tono normal sigue “vamos a hacer un viejo tema reflexivo que compusimos con Micky tiempo atrás, un tema para la meditación que compusimos en aquellos tiempos en que vivíamos juntos en un palacete de límite de Villa del Parque ¿era no?”, a Micky le falta memoria para responder y las risas se desprenden involuntarias de sus caras. No se dicen nada, pero sus gestos dejan adivinar un ´estás quemado´ que ambos se dedican entre sí. Entonces el cantante continúa “los invitamos a tomarnos un momento para analizar lo que hemos hecho hasta el día de hoy en nuestras vidas, en nuestras medianamente larga vidas, ¿no es cierto Miguel Ángel? ¿Estamos cumpliendo 35?”. Los chistes van y vienen, ambos se vuelven a reír y piden pista antes de derrapar en comentarios, “vamos, mejor vamos”. Arranca la guitarra y la multitud festeja el remate. Todo el Aeródromo suena “Como Alí”. 


Dicen que es la “última canción” una hora antes de finalizar. Sesenta minutos en los que juega con el público, hace chistes, intervenciones que terminaron con Ciro imitando a Guido Kaczka. Muchas veces se dijo que era la última y recién llegó a pocos minutos de cumplirse tres horas de recital. Lula Bertoldi se dio el gusto de acompañar el cierre del festival que se definió por una “Noche de Hoy”, con su clásica mención de las banderas presentes. Y si hubo incontables finales fallidos, no había menos que esperar de este. Mientras la gente comenzaba a desconcentrar, Ciro Martínez vuelve, esta vez sólo con su armónica y toca el Himno Nacional Argentino. 

Si éramos muchos para salir no importaba, era la última. La última vuelta de choris y de remeras con las fechas. La última de “eh amiga ¿sale un trago para ver mejor?”. La última recorrida de veredas con vasos de plástico abandonados a la suerte. Los últimos besos de un amor de esos que solo duran tres o cuatro días. Saliendo a la ruta, muchos ya hacen la fila para tomarse el bondi que los lleve de nuevo a casa. Otros se quedan bagando por ahí. Parece que todo termino y aunque el cansancio desploma los cuerpos, siempre quedan rondando por el aire murmullos de canciones que piden más. No importa, si no nos vemos en Gualeguaychu será tal vez el año que viene, misma fecha, mismo lugar.

Comentarios

Entradas populares