El territorio del poder

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Por la Lic. Chaman:

"Es un acto de amor. Siempre. Estás entregando el cuerpo, las emociones, los sentimientos, tu psicología, tu concentración". De esta manera define el actor a su actuación y como todo en la vida suele ser dual y recíproco,de la misma manera podríamos pensar el rol del espectador, que al entregar también su cuerpo, sus sentimientos y su bagaje psicoemocional, entrega su alma amorosamente al deleite de la obra. El amor como termino que representa la entrega total y despojada, en el acto creativo, y en actitud receptiva de quien observa esa creación. “El territorio del poder” se trata de un nuevo espectáculo que comparten el actor Leonardo Sbaraglia y el músico Fernando Tarrés, tras haber homenajeado al periodista y escritor Rodolfo Walsh en una obra que se llamó RW y que tuvo, en cuanto al formato de la obra, un perfil similar.

En la promoción de este nuevo espectáculo se propone un recorrido oscuro y profundo a lo largo de diez escenas que van desnudando y poniendo en evidencia un mecanismo de poder que opera continuamente sobre nosotros a lo largo de la historia. Pero el manejo del poder no se limita a las esferas de la política, la economía o la religión: lo invade todo, tiñendo las pequeñas actitudes cotidianas y privadas. El eje esta puesto en manejo de la forma, la obra conjuga con destreza situaciones que transcurren en tiempos y espacio diferentes , como partes de un rompecabezas con una sola imagen final. Para generar este viaje caleidoscópico, Sbaraglia y Tarrés junto a dos virtuosos músicos a cargo del clarinete y el clarinete bajo, se valen de un dinámico encuentro entre música, imagen y palabra, resultando de ello una construcción audiovisual compleja y de alto vuelo. 

"Los grandes hitos y las pequeñas actitudes cotidianas parecen estar atravesadas por un mismo espíritu que nos habita. Pertenecemos a la naturaleza por la carne, por la sangre, por la muerte, y por la silenciosa ferocidad que nos empuja una y otra vez a abismos que pueden extinguirnos", proclaman los textos que hablan en Sbaraglia con contundente afirmación. Decía Focault, en cuanto al poder, que este se ejerce haciéndose invisible; en cambio impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio. No existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder. La historia de las luchas por el poder, y en consecuencia las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse. Sin embargo en esta obra, que indaga profundamente en los territorios del poder, lo que se suma al juego de saberes es ademas, la sensibilidad, la posibilidad cultural. 

Todos los espectadores, potencialmente, deben agudizar sus capacidades para absorber todo lo que estos textos vienen a decir, y que nutren y se nutren en un universo enorme de posibilidades exploradas desde la literatura, la cinematografía, y la música. Cosas que se han creado a lo largo de la historia y que se entrelazan con nuevas creaciones. El poder invisibiliza sus mecanismos, y así solo sus resultados se hacen visibles en quienes regula. Y sin embargo, el poder creativo de arte, plasmado de manera muy singular en esta obra, destrona la oscuridad, al promover en un acto de amor, la capacidad de pensar en aquello que nos subyace y que a la vez, nos define profundamente. Desde Khume celebramos este tipo de creaciones, complejas e integrales, que nos estimulan en amplios sentidos posibles, y nos invitan a reflexionar y reflexionarnos. El poder, el amor, el deleite, eso nos llevamos entre aplausos, de la mano de esta obra, un jueves por la noche en Neuquén.


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