Adagio en mi Neuquén. Un Anfiteatro. Un Entierro. La Vital Cultura Popular.
Por: la Lic. Chaman
La primer piedra fue removida el El 22 de abril del 2012, cuando en horas de la madrugada, las topadoras enviadas por el gobierno municipal de la ciudad de Neuquén, arrasan cubriendo de escombros y decidía parte de su patrimonio histórico y cultural, destruyendo y tapando el anfiteatro emplazado en el parque central donde antaño se encontraba la plataforma giratoria del ferrocarril. No hubo consultas, ni a las instituciones pertinentes, ni al pueblo entero, solo hubo estupor cuando el amanecer revelo tierra removida donde antes había un espacio para la cultura popular.
Cantaba Zitarrosa, un hermano de la Latinoamérica grande..." En mi país que tristeza, la pobreza y el rencor, tú no pediste la guerra, Madre tierra, yo lo sé. Dice mi padre que un solo traidor puede con mil valientes; Él siente que el pueblo, en su inmenso dolor, hoy se niega a beber en la fuente clara del honor"...
Pero el pueblo Neuquino si bebió, y embebido en un crisol de sentimientos contradictorios, fluyo. A través de las redes sociales, síndrome inequívoco de la modernidad, surge la espontanea llamada, y el dominguero 29 de abril, decenas de espíritus se sienten convocados por la idea de desenterrar a mano, pala y carretillas aquel foso de dignidad. Así nace y se conforma espontáneamente el Colectivo de Artistas y Vecinos Auto convocados (C.A.V.A.) Gato Negro, tomando su nombre del felino que corrió la misma suerte que el histórico anfiteatro. Ambos fueron desenterrados, no solo con vida, sino con revitalizada existencia.
Zitarrosa soñaba... "Dice mi padre que ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo, y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar".
La espontaneidad fue su motor y propulsión; el colectivo fue tomando fuerza y sentó sus bases en el dialogo continuo y la acción concreta. Y la humana organización demostró una vez mas, que cuando se confluyen las intenciones, se pule la técnica, se respetan los acuerdos y sobre todo cuando se amalgaman las mejores intenciones hacia la humanidad toda y simple, la cosa avanza agigantadamente.
Y llegaron los logros, aun los que parecían inverosímiles. El antiguo anfiteatro fue desenterrado por completo en el lapso de tres semanas. Su sucedieron plenarios de las artes, se presento un proyecto de ordenanza ante el concejo deliberante; se avanzo por la senda de la movilización popular, y también por las vías que las instituciones creadas para organizarnos como sociedad han establecido; nada fue librado al azar.
"Tú no pediste la guerra, Madre tierra, yo lo sé. En mi país somos duros: El futuro lo dirá. Canta mi pueblo una canción de paz. Detrás de cada puerta está alerta mi pueblo; y ya nadie podrá silenciar su canción y mañana también cantará".
El CAVA mostro lo mejor de la especie al organizar el simbólico numero de 13 festivales artísticos todos los domingos. El vital impulso ante el adverso gobierno engendro músicas, audiovisuales, danzas, bailes, expresión, comunión. A través del apoyo popular concretado en 8.000 firmas y la manifestación de diversas personalidades de renombre (premio nobel de la paz, Adolfo Perez Esquivel) y organizaciones no gubernamentales, el latido se hizo sentir. La comunidad no estaba dormida. No había opio, sino más bien vitalidad.
Pero otra madrugada volvió a atentar contra la cultura popular, y las sordas maquinas, carentes de toda capacidad de reciprocidad en su avanzar, arremetieron contra aquel silencioso foso insurgente, y el ultimo lunes de julio la tierra avanzo como la violenta prepotencia de quien las envió.
Pero las maquinas no sabían lo que Zitarrosa ya había comenzado a cantar... "En mi país, que tibieza, cuando empieza a amanecer. Dice mi pueblo que puede leer en su mano de obrero el destino y que no hay adivino ni rey que le pueda marcar el camino que va a recorrer"
El CAVA y gran parte de los díscolos convocados estaban alertas y fortalecidos, quizás incluso, más de lo que en si mismos lograban intuir. Cambiando la historia y lo escrito, unió el amor y el espanto. Y nuevamente, en un recursivo giro de la historia, allí estaban las multiplicidades de acciones, no violentas y de base, expresadas en múltiples intervenciones artísticas, firmes en su convicción. Palas, carretillas, baldes, manos, pero sobre todo convicción: si había que desenterrar una y mil veces, así se haría.
El camino que se abre para recorrer en este agosto es incierto, hay convicción y fuerza popular, y también están los gobernantes que dejaron de mirar al pueblo. Hay proyectos, proyecciones, planificaciones erráticas. Hay silencio de quienes desoyen. Hay palabras de aquellos que quieren ser escuchados. Pero sobre todo hay cultura popular, que se arraiga a la tierra.
Y termina la canción, pero se vuelve a iniciar la historia: "En mi país, que tibieza, cuando empieza a amanecer. En mi país somos miles y miles de lágrimas y de fusiles, un puño y un canto vibrante, una llama encendida, un gigante que grita: ¡adelante... adelante!
Fotos , por Maga Ph.
Khumeiamm



Comentarios
Publicar un comentario